Esta colección es un compendio de escenas capturadas durante mi estancia en Corea del Sur. Es un paseo por una Corea que convive —y a menudo contrasta— con la ultramodernidad y el futurismo que definen las grandes ciudades del país. Son estampas con un aire retro, fragmentos de vida que parecen no encajar del todo con el ritmo frenético y la automatización extrema que lo envuelve todo, pero que, precisamente por eso, conservan un encanto inesperado.
Al igual que las antiguas cámaras digitales —obsoletas para muchos, pero capaces de regalarnos una estética nostálgica e imperfecta que nos cautiva—, los mercados tradicionales de Corea preservan una atmósfera especial. Mantienen viva una forma de hacer que resiste el paso de las modas y se convierten en rincones únicos, donde el tiempo parece haberse detenido y donde las escenas se sienten tocadas por la estética del cine analógico.
Esta colección quiere ser un homenaje a todas aquellas mujeres que, día tras día, rodeadas de sacos y cestas de colores, llenan las aceras de asfalto y trabajan para hacerse un lugar en medio del caos urbano. En un país donde la ultraconveniencia y la fiebre por la sobreatomatización parecen no dejarles espacio, ellas continúan allí, con paciencia y una admirable resiliencia, desafiando a un progreso que les pisa los talones.
¿Te has quedado con ganas de más? Echa un vistazo a estas colecciones y continúa recorriendo el mundo con la mirada.
¿No es suficiente?